La protesta internacional que desató la decisión del gobierno de Israel de prohibir la celebración del Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, forzó al primer ministro Benjamin Netanyahu a dar marcha atrás con su medida y permitir que se realicen allí las ceremonias correspondientes el resto de esta Semana Santa.
En su mensaje, Netanyahu enfatizó que se había dispuesto el cierre por motivos de seguridad debido a que los fragmentos de un misil iraní llegaron incluso a golpear días atrás el techo del lugar más sagrado del cristianismo.
Ese enorme complejo que incluye varias capillas, templetes y pasadizos antiquísimos, es además desde hace siglos el sitio de trabajo de arqueólogos e historiadores que buscan evidencias para establecer si efectivamente Jesucristo fue crucificado y sepultado allí hace dos mil años.

